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El comunismo como ideología política

                                      Por: Manuel Emilio Duvalls Ledesma

El comunismo como ideología política, no prescribe ninguna forma específica de organización política de la sociedad; lo único que propone es la titularidad pública de los medios  de producción, no de todos los bienes. Propiedad pública que puedes ser perfectamente gestionada dentro de un sistema democrático en que las líneas generales de la actividad económica sean objeto de debates y decisión por los miembros de un parlamento democrática mente elegidos, y concretada por un Gobierno surgido de dicho parlamento y llevadas a la práctica por empresas tanto públicas como privadas.

Confundir a estas alturas el comunismo en general con un sistema económico íntegramente estabilizado, es no haberse enterado de la evolución de las ideas en torno a este habida a lo largo de más de un siglo. Eso por no hablar de que en la tradición marxista, que durante mucho tiempo se autodenominó socialdemócrata, de hecho, así se llamaba el partido de Lenin hasta transcurrido algunos años de la Revolución de octubre. En esa revolución, o en esa tradición, el comunismo se concibe como una cierta fase de desarrollo social y económico en que la super abundancia de recursos haría ocioso cualquier sistema de reparto de la riqueza, ya que todos podrían satisfacer sin dificultad todas sus necesidades.

Otra cosa es que mucho de los partidos que han aspirado a ese ideal o, al menos al mencionado Sistema de Control Público General de Economía, decidieran en su momento (tras la Primera Guerra Mundial o, antes), denominarse comunista, dado a conocer por Marx y Engels en 1848 como su texto fundacional. Los comunistas trabajan en todas partes en pro- de la vinculación y el entendimiento de los partidos democráticos de todos los países. Ahora bien, si el comunismo como ideología pasamos a la práctica de los partidos comunistas que en algún momento han llegado al poder, no es posible negar que su actuación puede en mucho de los casos considerarse antidemocrática, si por democrático entendemos, entre otras cosas, un sistema que admita la pluralidad de partidos comunistas, obviamente, han actuado así; ni el chileno ni el francés, por ejemplo, cuando formaron parte de

            izquierda en sus respectivos países o, el partido comunista que gobernó un tiempo en una             región de la india, ni Nepal.

En el caso de algún de los más importantes, como en Rusia y China, se encontraron con una sociedad descompuesta y debilitada económicamente, ya que la pobreza abarcaba amplios sectores sociales. Por supuesto, es natural que sociedades así apoyasen a partidos que prometen mejorar sustancialmente su situación. En el caso de Rusia, diezmada por la Primera Guerra Mundial, China, sacudida por una sucesión de mortíferas guerras del Opio provocadas por las grandes potencias occidentales y acabando por la salvaje invasión japonesa.

El triunfo de los comunistas en esas sociedades, se debe a existencia de unos gobiernos despóticos que cerraban los ojos ante la situación desesperada de sus pueblos.

Si fijamos nuestro estudio en l sistema político y económico chino, nos damos cuenta que el comunismo no es un sistema totalitario y antidemocrático, y lo que propone es la titularidad pública de los medios de producción, no los bienes. El partido comunista chino, ha convertido una vez muerto Mao, en el corazón de su propia política económica consistente en abrir el país a los inversores de capital extranjero, y utilizar los mecanismos ordinarios de economía de mercado.

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